Como se acordarán tengo otro blog. Ahora Lacrimógena va a ser como un altoparlante, una caja de resonacia. Algo así como que publico lo que posteo en mi otro blog.
Mi nuevo blog es Camaleón con zapatillas donde sigo haciendo crónicas. Un recorrido por la ciudad. Darles palabras a los mudos, mismo Julio Ramón R, escribir sobre temas que usualmente no se escriben.
Hace poco escribí una crónica sobre la otra Tigresa del Oriente. Sí, fueron dos, hasta llegaron a ser tres. ¿Y saben a quién le debemos que existan? Aunque no lo crean a Mario Poggi, sí el del cabello verde. Lo pueden leer aquí: La otra tigresa del Oriente: la felina que no colgo su video en youtube.
Después hablé con la tigresa del Oriente-la que la rompe en Youtube. Se achoró, me dijo "La noticia soy yo". Parece que no le gustó que escarbara en su pasado y después me botó. Click aquí: “¡La noticia soy yo!”, ruge Judith Bustos
Y como tercera parte, que se puede leer solo sin las otras partes escribo sobre Elizabeth Alegría. La otra tigresa. Dónde cuenta su vida y lo peor que le pudo pasar en la vida: que tuvo lepra. Click aquí otra vez: “Yo sufrí de lepra”: el castigo divino para Elizabeth Alegría
Seguiré escribieno, tal vez usaré más el video. No sé. Gracias a ustedes. Y no se olviden comentar.
Gracias.
Alfredo Pérez Andrade
http://larepublica.pe/blogs/camaleon_con_zapatillas/

Camaleón con zapatillas, así se llama mi nuevo blog. Es temático y semanalmente se publicará alguna crónicas en www.larepublica.pe
Ahí lo pueden encontrar, bajando un poco. Falta algunas mejoras, pero poco a poco.
La nueva web del diario La República me adopta. Yeeee!!!
Ya está publicada la crónica "Muerete de risa", donde fui payaso callejero por un día. De esa onda será el blog: periodismo gonzo, border, de imnersion.
Visiten la página y los blogs.
www.larepublica.pe/blogs/camaleon_con_zapatillas
Un abrazo a los pocos lectores de Lacrimogena, y espero que me sigan leyendo en esta nueva etapa. VISITEN Y COMENTEN.
Alfredo Pérez Andrade
Gracias
Desaparecer. Muchos conocidos, amigos o amores sabe que siempre hago eso. Aunque estoy cambiando. Antes no me despedia y me iba como vine: sin avisar. A veces pasa. Despedirse es como ponerle punto final. Pero creo que siempre me quise ir o tal vez nunca he estad. Igual. Las cosas cambian. Tal vez este blog haya tenido su gran momento en algún momento-cuando publicaba seguido- y en vez de postear màs, he eliminado textos, por trabajo o para concurso.
Odio las despedidas porque genera nostalgia y recuerdos. Pero en realidad esto no es un adios. Dejaré este blog. Lacrimógena no está en pause, ya es el fin de la canción. Ahora toca una nueva. Una canción que te gustará espero.
Cambiaré de blog. La próxima semana les pasaré el nuevo link.
Igual gracias a tantas personas que perdieron tiempo leyendo estas historias. Lacrimógena quiso que se te salga algunas lagrimas de risa o de pena. Al final, lo único que queremos las personas que escribimos-sea ficción o no-ficción- es que nos lean. Y eso me ha pasado. Por eso gracias.
Alfredo Pérez Andrade.
xcJorge Eduardo Eielson
Lo único que he encontrado es un travesti con peluca y un payaso que invita a pasar a una carnicería: Recurseo es recurseo. Quiero un payaso callejero, ambulante, que suba en los micros, que este vestido como payaso pobre. Maquillado hasta las huevas, que cuente los mismo chistes y que tenga esa gran sonrisa hipócrita. Llego a Tacna y nada. Sigo caminando pensando en los otros temas que haré para la revista: una crónica al bus que tiene la ruta más larga de lima(de Pachacaman hasta Collique), hasta hacer una nota sobre el extracto de rana, con previa probada. Chamba es chamba, además yo mismo lo elegí, ese tema y claro, esta carrera .
Lima se ríe de mí
No sé por qué sale el sol en julio y yo con mi casaca negra. Jirón del a Unión a la vista. Tengo hambre, me duele la cabeza y me jode no encontrarlos. “Yo vi a dos payasos en la Plaza de Armas, como a las cinco, el viernes”, me dijo una amiga por el MSN !Pero si yo estuve por ahí a esa hora!
La nariz me empieza a picar. Gente corriendo y gritando por el jirón de la Unión. Son manifestantes seguidos por la policía. Las tiendas cierran sus puertas. Huele a gas lacrimógeno. Plaza Mayor. Nada. Carajo, y boto otro cigarro terminado. A la casa. Me voy a la avenida Abancay.
En el bus de regreso miro las calles y no hay nada. “Es más fácil hacer llorar que reír”, dijo una vez un cómico ambulante. Y creo que es verdad. Los payaso ambulantes de Lima deben estar en extinción. A nadie ya le da risa esta ciudad. Lima a veces parece un cementerio de muertos que caminan, que están enterrado de pie. ¿Y si encuentro al payaso y no quiere nada o si su vida es monse? Bah, primero lo encuentro después ya veo qué pasa.
En estos días seguiré buscando. Peinaré toda la ciudad. Cogiendo los buses más grandes. Caminado por las calles más concurridas. Abancay, Plaza Mayor, Panamericana Norte, vía expresa, Javier Prado, donde sea iré. Y si no lo encuentro esta semana, a la mierda. Me visto como payaso, me pongo una peluca amarilla, me maquilo, alisto chistes monses y me subo a los micros. Hace tiempo que no sonrío, que no me siento con muchas ganas. Tal vez sea una buena forma de mejorar. Tontos pensamientos los guardaré al bolsillo y seré un payaso. Un payaso en Lima. Es la hora de reír.
Pero si encuentras un payaso, pregúntale su teléfono y me lo pasas o me avisas por donde lo has visto. Aunque sea seremos dos payaso en esta ciudad. Lima se merece una sonrisa, y , claro, yo también.
por los bailes, por ser ella-con carajeadas y todo-
Cuadra once. Atrás de un ambulante que vende chicarrón a dos soles la porción, hay un hombre de ropas sucias, despeinado. Mira a ambos lados y corre. Le arrancha la cartera a una chica. Ella cae al suelo, gritando. La gente voltea a ver el mismo espectáculo de siempre: El hombre corre, torea los carros y desaparece por una esquina sin haber retrocedido nunca, ni mirado atrás. Me han robado, grita la mujer. La frase de la cuadra. Bienvenidos a la avenida Abancay.
Una cuadra más allá, la gente también corre, pero para tomar sus buses. En la esquina hay un señor con un diente de oro y que balbucea en vez de hablar, que vende artículos para defensa propia. Desde cuchillos, con el mango atigrado, a 10 soles hasta varas metálica a diez soles, con rebaja.
En la cuadra diez se encuentra el Centro Comercial Unicachi, que es el más grande del centro de Lima, de cinco mil metros cuadrados. Son empresarios de la provincia de Unicachi, en Puno, que se han organizado por años y así han podido constituir empresas colectivas. Están por toda Lima: En el cono norte, en
La cuadra nueve queda el Cine Omnia, inaugurado en 1916. Abre sus puertas desde las diez y media de la mañana hasta las once de la noche. Hay cuatro funciones continuadas y el ingreso cuesta cuatro soles. Pero no proyectan la última película de Indiana Jones, ni la de Batman, ahora es un cine porno.
A unos pasos está el Parqe Universitario donde, los cómicos ambulantes hacían reír, pero ahora (diez de la noche de un sábado) lo único que da risa son dos borrachos que se empiezan a pelear, porque uno no quiere pagar el trago. La pista se vuelve un ring de box. Dos policías llegan a separarlos. De pronto, los borrachos se unen y el equipo cambia. Ahora es una pelea doble: policías versus ebrios. En vez del estampido de una campanada, suenan las bocinas de los buses y que empiece la pelea. Los borrachos atacan. El publico, desde las tributas-aceras, siguen atentos. Los polis empiezan a retroceder, sacan sus macanas y a los ebrios les cae golpe. A la policía se le respeta. Fin de la pelea y de la cuadra.
En la esquina de la avenida Colmena, la policía de transito Lorena Tarrillo, sub oficial de tercera de
Un octogenario sin educación orina en el ex ministerio de Educación, ubicado en la cuadra ocho. Este es uno de los edificios más altos de la ciudad (22 pisos) que acoge a los juzgados de primera civiles y laborales, y de familia; seis de las ocho salas civiles y el local de
Al frente de este edifico iban ha construir uno igual, pero se detuvo la obra y solo quedaron los cimientos: un gran hueco. En los 70 un grupo de personas invadieron este lugar. Así nació el Centro Comercial El Hueco, donde al día, más de ocho mil personas encuentran productos de contrabando, medicinas adulteradas y películas a dos por cinco soles.
Antes la cuadra seis se llamaba la calle Sagástegui porque vivió un vecino llamado así, que fue alarife (arquitecto) de la ciudad. Y en esta misma cuadra también vivió el perro rottweiler Lay Fung que el martes once de julio del 2006, mientras cuidada una cochera de seis pisos, asesinó a un ladrón que quería robar. En la actualidad este perro ha cambiado de domicilio, ahora vive en la policía canina.
En la quinta cuadra encontramos el edificio que antes se estaba el Ministerio de Economía y Finanzas donde se alojan los juzgados de primera instancia y las fiscalías penales de nivel provincial y superior. Más allá Marlene (43) es como una fumadora pasiva, pero todavía no se entera. Tiene cinco años vendiendo golosinas en esta cuadra. “Vivir en la avenida Abancay es como fumar 40 cigarros diarios”, explica la bióloga Ana Zuchetti, quien dirige el “Plan por una Lima y un Calleo verdes”, presentado el año pasado al Gobierno.
Las más de dos mil personas que acudían al día a
En la cuadra tres quedaba el convento de
Calle de Trapitos, cuadra dos. La plaza Bolivar enrejada y detrás de ella el Congreso de
Finalmente está la cuadra uno, muy cerca del parque de
A Rodolfo le hubiera gustado estudiar medicina. Tal vez ahora sería pediatra, por el cariño a los niños. Pero no pudo por falta de dinero: su madre trabajaba como operaria en una empresa y a su padre no lo conoce ni en fotografía. Así que empezó a trabajar en lo que sea. Como ahora, a sus 35 años, que trabaja como seguridad en una tienda de ropas. Y cuando puede se disfraza de Tigger, personaje del dibujo animado de Winnie the Pooh, para atraer compradores a una tienda del jirón de la Unión. Es que Rodolfo tiene mucha garra, siempre ha querido salir adelante.
La ley de la selva
Vive solo en un cuarto de Barrios Altos. Su cama, un espejo, un baño, una mesita de noche y una ventana con vista a la pared: ese es su territorio. Desde ahí camina por las calles estrechas hasta llegar a la cuarta cuadra del jirón de la Unión donde trabaja en Top Moda, una tienda de ropas. Él se encarga de seguridad: Vigilar que nadie se robe nada y si sorprende a uno(o una) él mismo se encarga. Esa es su chamba cuidar como una fiera y atacar cuando sea necesario.
Como vigilante gana el sueldo mínimo, menos de 600 soles. Trabaja ocho horas. Tiene un día de descanso, siempre lunes o martes. Y si se pone en la puerta de este local, disfrazado de Tigger, se gana un plus. Es rotativo, es opcional. Casi ningún los otros dos vigilantes quieren, sólo él, porque le gusta.
“ Yo estaba de seguridad, osea, sin disfraz, cuando un choro monse se metió un polo dentro de su ropa. El gil, cuando salio por la puerta, sonó la alarma”- cuenta Rodolfo tratándose de rascar con una garra su espalda y continua-. “Yo estaba hablando con una amiguita que atiende, cuando me acerco, él corre”. El jirón de la Unión se vuelve una selva. El ladrón de polos corre. Atrás de él, está Rodolfo persiguiendo a su presa. “Más monse, al toque lo atrapé y se llevaron los serenos”, ruge Rodolfo.
- ¿Tienes enamorada?
- Sí, tres. Jojojo
- ¿Tres? ¿Y alguna de ella te ha regalado un peluche de Tigger?
- No, ninguna, solo de ositos.
En su garra sostiene un letrero que dice: Oferta polo para caballero Kansas S/19.90. Una niña viene y lo abraza. “A veces hay esos pendejos que me ven así y me empujan, me pegan. Pero nunca hemos llegado a golpes”, cuenta recibiendo saludos y más abrazos de niños. Los peatones se detienen a mirarlo, pero poco entran a la tienda.
Nunca ha ido a la selva, ni a la jungla, en realidad nunca ha salido de Lima. Él bus que más lejos lo llevó fue a Chosica para jugar “fulbito”. Su equipo se llama Los amigos. Y él es el suplente estrella. “Una vez metí un golazo”, dice en la parte trasera de la tienda tomando un vaso con agua. Le brillan los ojos. Un gol en todos lo partidos de su vida, pero ha metido más autogoles. “Cosas que pasan”, filosofa y se pone la cabeza de Tigger.
Los faroles del jirón se iluminan. Este Rodolfo que no es el reno de Papá Noel, sino Tigger, es soltero y sin hijos. Pero tiene muchos sobrinos a los que engríe, los saca a pasear y a veces ven televisión juntos. Pocas veces han visto Winnie the Pooh. A veces, cuando esta vestido del felino naranja ve pasar a familiares, conocidos y él los saluda. No le da vergüenza. Trabajo es trabajo.
El traje es de la empresa. Ya lleva 3 meses abrigándose del frío con ese pelaje naranja. Tiene HI5, pero no tiene fotos como Tigger. Esta noche seguirá jugando con los niños, le seguirán jalando la cola y él invitará a pasar. Mañana hará de seguridad en la tienda. Tal vez pronto tenga otro trabajo, esa es la ley de la selva: el más fuerte gana.
* Crónica light
Estos son fragmentos de recuerdos de algunas comisiones, madrugadas, momentos, historias, de alguna revista sin nombre.
clases de periodismo, salud
«Ahora sí, Fredo. Vas a ver a tu primer muertito», me dijo mi jefe subiendo a la camioneta del diario. Domingo 16 julio del 2006. Madrugada. Tenía 19 años y acababa de terminar el primer año de facultad. La ventana abierta me despeinaba. Íbamos a Puente Piedra. Por la radio siempre se escuchaba salsa y RPP. A mi costado el fotógrafo trataba de dormir. Mi primera comisión de madrugada. Mi primer muerto. Y jefe, como siempre, olía a cerveza.
“Ve tú. Anota lo que veas y pregunta. A ver si ya por fin te desahuevas. Yo me quedo acá. Anda ve. No te quedes parado”. Subía por el cerro. Las zapatillas se me embarraron. Había escuchado que hablaban por el celular diciendo que había un incendio y un muerto. Estaba todo a oscuras. Olía a quemado y escuchaba voces. Cuando llegué a la cima había policías, periodistas, bomberos y chismosos. Olía algo extraño y me preguntaba, mientras trataba de ver en la oscuridad, ¿Qué es ese olor? ¿Dónde mierda está el incendio?...
El camarógrafo del canal 2 prendió la luz de su cámara y me cegó. Me di cuenta que todos filmaban y tomaban fotografías por donde estaba. Al voltear vi el cuerpo de un niño carbonizado. Estaba en su cama con la boca abierta. La muerte lo cogió durmiendo. Me quedé viéndolo sin parpadear. El cuerpecito empezaba a botar más humo. De pronto, desde su pecho salió una llama y se encendió de nuevo. Una nube de humo negro se acercó hacia mí. Era humo denso y áspero. La gente gritaba y los medios hacían su trabajo. Un vecino le tiró un balde de agua y se apagó. Estaba mareado. Quería tomar cualquier cosa.
- ¿Y tus apuntes? -me preguntó cuando bajé del cerro. Me ardía la garganta. Sólo quería tomar algo. Quitar ese ardor en la garganta, el asco que vi.
-No apunte nada
- Eso está bien. Ahora vuelve a sacar los datos.
- Pero…
- Pero nada. Anda vuelve y no jodas.
Regresé. Saqué los datos. Que una vela prendida fue la causante del incendio de esta casa de maderas, nombres, hora, etc. Miré otra vez el cuerpo y ya no me sentí como la primera vez. Volví a la camioneta. Necesitaba beber cualquier cosa.
***
-Con razón tienes esa cara de huevón- gritó mi jefe rompiendo el silencio de la medianoche. El vigilante del diario estaba en su caseta abrigado. En una silla, tomando café, viendo El especial del humor. Y yo sentado en el piso de losetas. Fumando. Leía una novela.
-No lo entiendo-, le dije mientras me paraba
- Porque lees tanto
- ...
- Por eso tienes esa cara de huevón
Me arranchó el libro y, mientras trataba de imaginarse de qué trataba, me dijo orgulloso que “desde que salí de la universidad no volví a leer un libro”.Tal vez tenga razón: no todo se aprende leyendo. Al rato vino la camioneta blanca y subimos. Vía expresa. Íbamos hasta Los Olivos. Un chico se mató porque su novia lo dejó: cosas que pasan. El viento me despeinaba por la velocidad. Miré mi libro en la mochila y a mi jefe tratando de servirme un vaso de cerveza heladísima sin que se le derrame. Cogí la novela y traté de recordar dónde me había quedado. Cuando me pasó el vaso no me dijo nada.
***
En marzo del 2007 me fui como vine: sin avisar. Perseguir a la muerte y siempre llegar cuando deja su huella. Ver tanta mierda. Volverme un loco buscando morbo por la ciudad, como un vampiro que sale hasta de día buscando sangre. Escribiendo historias ajenas donde no siempre se muestras como es, sino haciéndolas más interesantes, con más ‘color‘. Cambié. Se estaba muriendo algo en mí. Perdía sensibilidad. No quería ser como ellos. Pero ya me parecía. Ya tenía sus ojos que ya han visto de cerca la muerte que ya no quieren ver ni sus pasos y el corazón arrugado. Tenía más historias que contar, pero con menos capacidad de sentir. L a última vez que salí del diario caminé por el Jirón de
- Talento
- Contactos
- Huevos
- Y , que a veces es la más importante, tener suerte, pero mucha suerte.
***
Dicen que las cosas buenas se copian, que ser nuevo duele, que si no la cagas no aprendes. A veces se trata de ensayar estilos, de contar buenas historias, de encontrarnos. "La vida no se escoge", me dijo mi jefe, cansado de ver los mismos crímenes, cansado del periodismo, cansado de él- mientras abrazaba un botella de cerveza helada-. Esa madrugada, mientras caminé por el Centro de Lima, me prometí nunca ser como él.

Tiene 61 años, el pelo canoso, los ojos rojizos, una parada de vaquero y se llama Rosario. Este hombre con nombre de mujer ha pasado más de 30 años tomando fotografías en la plaza Mayor. Explica que antes los padres llamaban sus hijos según el día que nacían. El nació un 3 de setiembre, Día del Rosario. Entonces ni modo.
- Amigo, una foto
Desde el oeste de esta plaza, Rosario cierra un ojo. Apunta. Y dispara. Es el momento Kodak: Unos adolescentes enamorados son retratados para la inmortalidad a tan sólo tres soles. El chico tiene una camisa floreada que le queda grande, la gorra a un costado, la mirada criminal y parece como si en sus brazos han jugado “michi” con una navaja. Su chica se peina el cabello color cucaracha, con las manos, y sonríe. De fondo la Catedral. La misma postal de siempre.
Rosario Tantaruna Torres se metió al negocio del “lente ambulante” cuando tenia 17 años. “Uno no nace aprendiendo. Alguien siempre nos ayuda”, reza Rosario, abrazando su Minolta mecánica profesional. También usa una Polaroid, como los otros 23 fotógrafos de la asociaciòn.
El primer lugar donde hizo de “retratador de un momento” fue en la Plaza San Martín, al lado de las anticucheras, cómicos ambulantes y uno que otro hampón. Por eso decidió pasarse acá. Ninguno de sus 6 hijos quisieron aprender el arte de robar instantes.
En la Plaza, un serenazgo y una turista se miran ¿Yungay?. Decenas de palomas interrumpen las pisadas. Un niño corre y las hace volar. Rosario cierra los ojos. Está cansado. Ya va a atardecer. Desde las 9 de la mañana trabajando hasta las 7. Pronto cruzará el rió y llegará a su casa. El Rimac.
Desde una esquina no tan lejana su camara-da Marciano viene al encuentro. Se debió haber llamado Marcial, pero por un error terminó con Marciano. Marciano Landauro. Unos turistas se acercan. “¿Una foto?”, le pregunta el hombre con nombre de mujer. Ellos dicen que sí, pero sacan una cámara digital Cannon. Rosario les hace el favor de tomarles, pero otros fotógrafos a veces piden una propina o se niegan.
Y hablando de otro rollo, dice que no usa cámaras digitales porque sus repuestos no son baratos y que antes había más negocio, que la culpa lo tienen los aficionados.
Rosario trabaja al lado del Palacio de gobierno y él también es presidente, pero de la Asociación de fotógrafos del Centro de Lima. Ha tomado y le tomaron con Olivera, Andrade, Castañeda, Toledo. Pero se enorgullece haber capturado a Chapunlin, el dulce, casi una fotografía en angulo picado.
Las luces en la oficina del colega de Rosario empiezan a prenderse. La noche viene. La bandera sucia del Perú flota desganada. A Rosario le hubiese gustado hacer fotografías para prensa, pero a veces la vida no se escoge, sólo la captura.
Para Rosario, la fotografía es un su fuente de trabajo, pero es más que eso. Como una vez dijo “El profesor del lente” Luís Salinas: “La fotografía es luces y desafíos. Grafica el presente. Propugna sueños y fantasías. Forja a la historia y actualiza el pasado. Refresca la memoria, haciendo del hecho un acontecimiento.”
Y Rosario solamente es parte decorativa de una postal que un turista ha tomado sin saber por qué.
Regálale algún recuerdo a este Papá Noel 

Es verdad. Su gorrito es de Papà Noel. Lo encontrò en un tacho de basura donde tambien busca algo que comer. Mayo. Cuadra seis de la avenida Arequipa.
Manuel. NO violento, a menos que le despiertes con unos flash en la cara.
Algunos vecinos cuentan que de joven se fue a EE.UU. a estudiar. Allì conoció algùn amor que lo traicionó. Para olvidarla hizo que provara drogas, en ese entonces las quìmicas, años 70. Al regresar al Perù no fue el mismo. Hasta se había olviado quién era.
".. a los que se encuentran en el olvido. A los que hablan solos. A los que crean un mundo mejor para vivir... aunque sòlo sean de ellos. Eres Inolvidable" (Cuento)

Ella sabe muy bien que nació poca agraciada y se emocionó mucho cuando escuchó el primer runruneo del amor en tres llantas. Era Miguel, que no era un príncipe azul, pero tenía una mototaxi de ese color, que la llevaba gratis al paradero, que le floreaba cosas bonitas y le decía que le va a enseñar a manejar moto. «¿Es difícil?», preguntaba ella.
La neblina que abrazaba el distrito de Magdalena hizo que Abigail busque calor en los besos de Miguel. Hasta que estuvieron de enamorados. Entre recorridos gratis, charlas de sueños, la casa sola, hizo que la regla no viniera el proximo mes. Ella sabía que eso significaría que dejaría sus estudios y que sería madre. Su amor motorizado se comprometió en no dejarla, pero a los dos años la pasión puso primera y desapreció por esa calle donde una vez se encontraron.
“El hambre recorre el Perú en mototaxi”, escribió una vez el maestro Eloy Jauregui. Y es verdad. «Mi hijita tenía hambre y qué iba a hacer. Si no trabajo con qué iba a comer. Por eso decidí hacer mototaxi. Por necesidad», dice Abigail en una de las esquinas del mercado de Magdalena. Por algunos segundos parece como si en la plaza alguien puso mute. Como si los motores de los mototaxis se detuvieras, las combis no tocaban sus bocinas y ninguna voz se escuchó. El «runnn, run» mató el silencio y Abigail empotrada en su acorazado de tres llantas emprendió de nuevo el recorrido.
Que en las mañanas hay más movimiento y más si es sábado, sentencia Abigail con una Inka Cola sin helar en su mano. Algunos mototaxistas del otro sexo le hacen guiños y ella no les da “bola”. En su haber tiene la cojera de un perro y unos cuantos arañazos a un ebrio pasajero que por enamorarla y ser faltozo cogió algunas carnes sin permiso. Pero no parece tan violenta. De mirada tímida, de piel soleada y con chalina que abraza el cuello ocultando la gripe.
Habla cansada y arrastra las letras sin mirar a los ojos. Está triste. Desayunar lo de siempre: pan y leche, almorzar lo que se pueda y cenar lo que sobra. Su hija a esta hora debe estar en casa, extrañándola.
Trata de decir frases de la Biblia, pero no se acuerdas... «es que soy media evangélica» ,dice mirando un rosario sucio, lo único que tiene en su vehículo, lo único que le protege, según ella. Es que en una tarde de enero, la proyección de pertenencia de un nuevo pasajero hizo que cruzara una esquina a velocidad, pero más rápido iba un auto particular. Ella miró de reojo y un sonido de fierros la hizo detener. Sólo recibió rasguños, pero la moto quedo inconsciente algunas semanas. El rosario ladeaba ligeramente mientras los curiosos se acercaban.Ya lleva 2 años trabajando como conductora de mototaxi. Todavía recuerda cómo poner inyecciones. Y a pesar de sus tristes ojos rojizos dice que “para mi no hay cosas imposibles”. Al lado del timón hay un recuerdo que se niega a borrar. Escrito con liquit paper se lee: “Te quiero mucho Abigail. Siempre estaré contigo. Miguel”. El hambre como el amor, aún cree en promesas.

A javier o Joaquin por esos tiempos,

En el camerino, Francis se abrocha su sostén y se pone un babydol rosado. Se mira en el espejo. Pinta sombras en sus pómulos y levemente el fin de sus ojos termina en una línea oriental. Trata de peinarse los últimos cabellos. El camerino es pequeño y lo comparten con las otras 10 mujeres. Abre los labios. Muerde con los labios un pedazo de papel higiénico blanco. Antes de salir acaricia su rostro y cierra los ojos. Voltea y en el gran espejo se ve todo el cuerpo. Sonríe. Estoy hermosa, pensará. Y sale por la puerta. Sus tacones suenan al caminar. Pac. Pac. Se escuchan aplausos, silbidos y palabras sueltas que la halagaban. Gritan su nombre. Simplemente ella se sonríe.
Al salir vió a los hombres esperando manosearla, excitarse. Como ahora y su primera vez estaba nerviosa y con miedo. Pero en esa dos veces está Jimy. Cuidándola.
Cuadra cinco de la avenida Colmena. Algunas prostitutas susurran precios al oído. Algunos hampones con mirada de lince analizan si traes algo de valor. Y ahí está ‘El Chino Jimy’ poniendo sus manos como megáfono y gritando, en media calle. « A sol. A sol la barra» Unos chicos menores de edad se detienen en la puerta de este night club ambulante, de este “calateo” al paso. Èl los invita a pasar. Y con su verbo florido toca fibras masculinas: «Chicas riquísimas». A los alrededores existen más de cinco locales parecidos. Pero aquí trabaja Jimy de “jalador” y vigilante. Los adolescentes entran emocionados. Él les da un tiket amarillo. Mira su reloj. 9:30 PM. Sábado.
-Choche, una entrada
-Toma, primo, a un sol la entrada. Chicas bien ricas. Paraditas. En 10 minutos empieza el show.
Media hora después, Jimy está en su puesto. El discjockey desde su cabida de tripley grita por el micrófono: «El Oasis presenta aaaaaaaaaaa Francis» El ambiente esta a oscuras. La manada de hombres explotan de excitación. Solo las luces rojas alumbran el local. Huele a sudor, a baño público y a futuros romances. El amor cuesta barato.
Le encanta que la miren. Que la vean bailar. Le gusta que se la coman con los ojos, que la deseen. Como ahorita con su calzón y sostén rozado. La hacen parecer mayor. Mírenla, está “picada”. Son las 12 de la noche. Afuera hace mucho frío, pero acá, en el Oasis, calientito. Todo es risa, alegría. Todo es como esas luces que están al lado de los sillones donde se sientan los tipos con las chicas para hablar, tomar y manosearlas. Francis está girando en un tubo de metal. No sé cómo hace. ¿ Tendrá miedo de caerse? No. Ya después de tantos meses aquí, ya no. Está acostumbrada. Ya no aguanto para “florearle”. Enamorarla y que caiga. Me tiene un poco de consideración. Por cuidarla, tal vez.
Su cuerpo esta suspendido en el aire. Sonríe coquetamente. La música suena fuerte(una canción de Chayane) y los hombres de toda edad aplauden y gritan. En el piso, algunas botellas de cerveza naufragan. Jimy respira hondo y hace brotar sus músculos. Suena sus nodillos.
Francis tiene movimientos huracanados y se prende de nuevo al tubo. Tiene la piel canela, aterciopelada y su sonrisa es tierna. Su inocencia se fue con su pudor, cuando empezó a bailar el año pasado, cuando tenia 16 años.
Francis está calata. Camina por ese circulo de animales. La miran, ella les coquetea y se deja llevar con el baile. Algunos de ellos tienen que tomar cerveza para que se animen, para llevarlas al cuarto oscuro. Vienen aquí los chibolos “arriolas”, los que vienen para ver un buen poto, otros porque no está contentos con lo que tienen en casa y siempre quieren más. Nadie es perfecto. Todos. Todos tiene aunque sea un vicio. Todos tienen una manía. Algo que los vuelve loco. Puede ser la chela, la arrechura o tal vez la mariconada. ¿Quién sabe? Es algo que ello saben que está mal, pero lo necesitan.
Jimy termina su trabajo cuando amanece. A las cinco o seis de la mañana toma su autobús hacia Comas. Ya lleva 3 años así. Algunos clientes son problemáticos. Después empiezan las peleas. Pero nada como esa vez que un señor de terno le sacó una navaja porque ‘El Chino Jimy’ le pidió que no moleste a Sarita(23) -alta, morocha, de cabellos ondulados, de piernas firmes y tiene en su haber la mayoría de las peleas- el hombre le dijo para ir a la calle y pelearse. Jimy aceptó. Al salir se abalanzó hacia ‘El Chino’ y le dijo «Hermano, no me quiero pelear contigo. Solo lo hice para lucirme con la chica. Discúlpame».
Francis está desnuda. Sólo es ella y el tubo. Suena una canción romántica en ingles. Ella toma impulso y da 6 vueltas invertidas en el aire y cae suavemente, con las piernas abiertas. El público aplaude y se excitan. Claudia, pero por hoy se hace llamar Francis, está de espaldas a la jauria de hombres. Se agacha hasta tocar el piso sin doblar las piernas. «La pose del pollito», brama Jimy. Ella sigue recibiendo manotazos y miradas de animales. De pronto, un adolescente se abre paso. Gira su gorra. Se estira lo más que puede y mientras Francis sigue en esa posición, él , en un arranque de pasión, le pasa la lengua por toda la línea mal trecha de su vagina. Ella da un gemido sin sonido. El ‘ Chino Jimy’ solo atina a reírse. El avezado adolescente vuelve a su sitio orgulloso. Su grupo de amigo y presentes lo felicitan, otros se asquean. Francis se hace la que no pasó nada. Se deja tocar por otros clientes y la música termina. Se dirige al camerino y, antes de entrar, voltea a ver quién fue el de la lengua fría.
Algunos clientes se dejan seducir y terminan por ir a una sala con muchos muebles y sin luz. El trato es que por 20 soles se puede hacer con al chica elegida lo que quieras, más un trago de cortesía. De esa sala salen dos sombras furiosas. Son dos amigos que dicen que han pagado, que solo han tocado, que las chicas dijeron que ya volvían. Una se fue al baño, otra a traer condones, pero nunca regresaron. Tratan de buscarlas. Iracundos dicen que quieren hablar con el dueño, que van a traer a la policía. El ‘Chino Jimy’ se planta frente a ellos. Sus manos grandes y sucias, su cuerpo curtido por el gimnasio y su metro 80 hace que los dos amigos se olviden del tema. El centinela solo les dice, mientras ellos se van: «Por cojudos los estafaron».
Yo me he “levantado” a casi todas las chicas. Pero ya me aburrí. Quiero un trabajo normal. No sé... cuidar casas algo así. Solo me falta una. Francis.Solo me falta ella. Es inocente. Bueno, no tanto. Pero me “arrecha”. Qué será, ¿no?
Está amaneciendo. Algunas bailarinas duermen en los muebles. Jimy fuma cerrando los ojos. Ya pronto retornará a su casa a dormir. Lima se levanta. Él duerme. Su trabajo es trasnocharse, cuidarlas y si pasa algo más con ellas, mejor. Qué más puede pedir. Es un buen trabajo. A él no le cobran ni estafan. Pero.. ya cambirá, ¿no? Total, ese es su vicio.
Sobras de tristezas
El taxista Alberto llegó al puesto de comida por sus lentejitas con pescado frito y su chicha morada heladita. “María, un tombo casi me deja sin mi menú”, dice todavía doliéndole el bolsillo.
Dicen que una prostituta rankeada llamada Magdalena se salvó por llorar. Entonces el distrito de Magdalena del Mar debe llorar por tener la iglesia del Corazón de María: gigantesca y monstruosa –donde deambulaba el ‘Negro Canebo’ violando y robando-, por tener esa neblina densa y con olor a pescado. Debe seguir llorando por tener ’La Huaca’: centro de reuniones de gente lumpe que destilan a trago corto y pasta básica. Este distrito parece que nunca se ganará el cielo,porque tiene en su haber al diario ‘El Chino’ y muy de cerca de ahí el mercado.
Y es aquí donde María(51) tiene su puesto de comida. Tres de ancho por tres de alto. De la misma dimensión es el puesto del ‘Ají Loco’, el mejor del mercado. Pero a María no le importa tanto. “Es que yo tengo mi clientela”, se miente. Le sirve una sopa humeante al taxista y él dice que estaba por Breña, que vio la luz verde, que tuvo que darle un sencillo al policía y que María cocina riquísimo. Y susurra: “Sabias que le pedí a María para que se case conmigo. Pero de qué se ríe, joven. Si es la verdad” . Sopla la sopa y el vaho caliente se eleva. Hace piruetas en el aire antes de desaparecer o tocar el techo amarillento.
La calamina del techo hace sombras. Todos hablan, mastican. Una pareja de enamorados se detiene ante el puesto. Miran y se van a buscar un lugar más limpio para comer. María sólo baja la cabeza y sirve un vaso de chicha, para nadie. Lo deja reposar.
Un perro NN empieza a comer lo que cae al suelo. Se mete entre las piernas. Recibe una patada que no lo hace ladrar. La sobrina de María, que le ayuda en el negocio, le da un hueso chupado de pollo. El perro ladea su cola tiesa y sigue su camino perdiendose entre la gente. María nunca se ha casado. Su amor se vino como se fue: sin avisar. Ella tenía 21. Él 35. Casado.
Un jubilado guarda su periódico y habla con María. Que los chicos ya no son los de antes, que todo se está jodiendo, que en sus tiempos no era así. María responde con monosílabos y sonríe mientras lava sus ollas golpeadas y negras. El octogenario come aquí sólo lo sábados porque su esposa no cocina esos días. “!Bah, cosas de viejas!”, dice escupiendo unos arroces. El agua cae suavemente en las manos encorvadas y arrugadas de María. El doctor le ha dicho que es artritis.
Un loco interrumpe el almuerzo con un grito. El taxista Alberto se ofrece a sacarlo. Al llegar dice que siempre hay locos por aquí, que a veces se escapan del Larco Herrera. Y se recuerda que en este mercado comía M -protagonista del libro Al final de la calle lleavada al cine con el nombre Ciudad de M- y recuerda a la desgreñada “ ‘Loca Berta’ a quien todo el mundo se la tiraba a cambio de comida, tuvo un hijo que se le murió y anduvo con él por todo el distrito.” El fuego abraza la base del sartén. Un pescado es frito . Los únicos tres comensales comen escuchando la radio, mientras que en el ‘Ají Loco’ no hay más sitio y en la tv de 24 pulgadas se ve a Chespitito.
Una mosca planea muy cerca de la cabeza calvas del taxista. El olor a incienso empieza a raspar la nariz. A cuatro puestos venden artículos místicos y fraudulentos. María toma ese vaso de chicha casi olvidado. Su menú cuesta S/3.50. Sus clientes pagan y se van prometiéndole que regresarán. Alberto se declara de nuevo. Ella le sigue el juego.
Es de tarde. María empieza a limpiar. Sus dedos tocan el Ayudín y los restos de comida que terminarán en la basura. Seca sus manos con ese delantal que fue blanco. Cuenta que todos piensan que es fuerte, que es feliz. Pero la verdad no es así. “Si los atiendo con mala cara o triste se irán”. Ya no hay nadie en su puesto. María barre algunas sobras de comida y uno que otro recuerdo que aún cocina.
QUE NUNCA CUMPLIO SU SUEÑO: SER MUJER

Salón de belleza Julio y Vicky. Primera cuadra de la contaminada y ruidosa avenida Abancay. A una cuadra del congreso de la República y a dos, el río Rimac. Unas manos viejas, masculinas, delicadas y manchadas de tinte castaño oscuro Garnier Nutrise peinan una peluca que será para una niña que tiene cancer. Julio Rojas Samanmud (Huacho, 1951) esta sentado de piernas cruzadas en su sofá color pastel, que combina con todos los muebles de su peluquería, y deja ver sus vellos gruesos que fueron depilados hace una semana con cera. Suspira al hablar de él, de su peluquería y de su inolvidable amiga que cariñosamente apodaba “ La Gitana”. Suspira otra vez y se persigna. Mmfff.
A los 14 años sabía cortar el cabello y le gustaba. Trabajó treinta años en el Jirón Ancash y acá lleva siete. El negocio está tambaleando. Está “alambre”, como dice. Por tantas huelgas en el periodo de Toledo. En ese entonces perdió buenos contratos para novias, para madrinas todo por la culpa de las huelgas, de las bombas lacrimógenas, por el tumulto. Tenía que cerrar su local para no ser saqueado. Sacude su polo amarillo desteñido y los pelitos del ultimo corte que hizo caen. Abanica sus pestañas al hablar y suda desprecio hacia los manifestantes sucios, con palos, con ganas de romper todo, que hacen mucha bulla y que no le dejan ver su telenovela.
Julio muerde su uña del índice izquierdo que está pintado de canela oscuros, que combina con su piel cobriza, y absorbe el vaho de la avenida. "El día que me muera voy a morir feliz, porque todo, todo, todito lo he tenido, todo, todo, así como, también, todo lo he perdido. Tiene dos peluquerías, casa propia, ha viajado y tiene un nuevo amor(Gonzalo) de 22 años que lo( o la) engríe. Pero ha perdido algo que otros calificarían como todo: su familia. Era casado. Su esposa se llama Vicky- por eso el nombre femenino agregado a la peluquería-. Tiene 3 hijos y 4 nietos. Ahora tiene la vida que siempre quiso (“mi vida loca”). Aunque al inicio toda su familia le dió la espalda por su decisión de ser homosexual. Igual le pasó a su amigo Jorge Luis Rojas Mimbela (29), 'La gitana'.
La familia de este último terminaba por aceptarlo. Durante años adoptó esa doble personalidad: de hombre con su familia y al llegar a la peluquería, con polo desteñido y jeans rotos, entraba al baño y a los 15 minutos salía hecho una mujer: pintada, vestida y moldeada. Se había sometido a delicadas operaciones, se puso botox en el rostro, se perfiló la nariz, se puso siliconas en los pechos y hasta se colocó aceite de avión en los glúteos. Se cabello fue teñido de rubio y se compró delicada lencería de mujer, porque le gustaba tomarse fotos desnuda para enseñárselas a sus 'parejas'. Es que ese era su sueño: ser una mujer.

En al televisión está dando 'La fea más bella'. Sólo funciona diez de los 17 fluorescentes y los espejos sucios y manoseados es igual a las cinco peluquerías restantes en esta avenida, pero aquí en el medio una escultura de una Venus semidesnuda que reposa por los años, empolvándose. Julio la compró en la Bellas Artes. Todo ha remodelado, todo menos la escultura. Es que es como su compañera. Asiente con sus pestañas. Mira coquetamente. Deja a un lado la peluca y se quita los lentes al hablar de su vida. En su billetera destartalada, que hay corazoncitos y boletos de combi, guarda fotos con sus nietos y con sus hijos. En una, aparece maquillada abrazado de su nieta con su vestido de promoción. Suspira y trata de secarse las lagrimas que no han salido, pero que aún guardan en sus ojos que terminan en una línea oriental. Otra foto donde aparece en una fiesta con su pareja que lo abraza por atrás.
Lleva tres años con Gonzalo. Viven juntos. Salen a la calle normal abrazados y besándose. No tiene vergüenza de nada. Su vida es ajena a las fiestas y a los escándalos. Siempre cuando sale, va con su Romeo-homosexual a todas partes. Es que es muy celoso. Cada vez que sus peleas hogareñas se van a los golpes, Julio termina en la comisaría de San Andrés denunciándolo. Tiene una cicatriz en la frente y dos más en las mejillas y hasta ha tenido el brazo roto. Su pareja ha prometido que sólo lo va a dejar el día que muera. Se pone de nuevo los lentes. Se mira al espejo. Trata de peinarse y ocultar algunas canas y da un besito al aire. Prende un incienso.
Una cabeza con grandes ojos azules y labios pintados de rojo me mira. Es una cabeza de un maniquí que tiene una peluca que cuesta 50 soles. Peina esa peluca para una niña que esta en tratamiento de quiroterapia. A veces no quiere cobrar, porque viene gente pobre y se le parte el alma cuando piden rebaja. El típico olor a incienso abraza el ambiente.Casi todo sus amigos ha muerto por el "bicho”, como califica al VIH. Pero el final de la Gitana no fue así. Eran las diez de la noche del sábado 9 de julio del 2005: La última vez que vio a la Gitana. La acompañó hasta cerrar el local, porque al último momento vino un chico a cortarse el pelo y parecía sospechoso. Cerraron y se fueron hasta el paradero. Y como nunca , La Gitana la abrazó y le dio un beso de despedida. Al día siguiente Julio recibió una llamada de una cliente. Decía que han matado a la Gitana. Que la han lanzado de una techo. Un grito y un ruido seco despertó a los vecinos de un edificio ubicado en el jirón Cusco 1190. Era el cuerpo de su amigo que se estrelló contra el tragaluz, muriendo al momento con la cabeza destrozada y su cerebro mancho las paredes. La policía determinó que 'La gitana' disfrutó sus últimos momentos con alcohol y drogas rodeado de varios chiquillos.
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